Para Chile la electromovilidad representa una gran oportunidad. Nuestra principal ciudad, Santiago, se ahoga por la contaminación generada por millones de vehículos diariamente. Con la pandemia constatamos los beneficios de generar menores emisiones a partir de cambios en los desplazamientos de las personas. De hecho en la Región Metropolitana durante las primeras semanas de abril 2020, el bajo uso de combustibles fósiles resultó en una reducción del 29% en Material Particulado 2.5 y una reducción del 71% en Óxido de Nitrógeno. La pandemia nos ha dado una tregua, pero esta se acabará eventualmente.
La electromovilidad se presenta como una gran alternativa para Santiago en particular y Chile en general. En efecto, actualmente, la Red Metropolitana de Movilidad RED (antes Transantiago) cuenta con la flota de buses eléctricos más grande del mundo fuera de China, que llegará a las 800 unidades a fin del 2021. Enel X y Engie han invertido en esta tecnología y diseñaron e instalaron los sistemas de recarga o “electro-terminales” que serán operados por las empresas concesionarias Metbus, Vule y S.T.P. Santiago bajo la modalidad de leasing o leasing operativo. En esta modalidad, los operadores solo se encargan de ofrecer el servicio urbano y mantener la flota, pero no tienen la propiedad de los buses, transfiriendo así el riesgo de invertir en esta nueva tecnología a las empresas proveedoras ya que los buses eléctricos son en promedio, un 60% más caros que los autobuses diésel.
Así, buscando preservar la buena calidad del aire, en sintonía con la inercia que ha provocado la inversión en movilidad eléctrica en Chile, la electromovilidad se ha reafirmado como un elemento clave de la estrategia de recuperación económica y movilidad en el país. Estos cambios dejan entrever aquellos que traerá la electromovilidad:
1) Las emisiones de gases invernadero (NOx), entre otras, disminuyen drásticamente con la electromovilidad.
2) La sustitución de petróleo por electricidad generará un gran ahorro de divisas, toda vez que la electricidad es producida localmente.
3) Además, nuestra matriz energética utiliza cada día más fuentes limpias de generación, tanto en el norte como en el sur. Chile por otro lado, cuenta con una importante red de transmisión que interconecta todo el país, además de proyectos de hidrógeno verde que podrían ayudar a satisfacer la demanda.
4) Los autos eléctricos utilizan una gran demanda por Cobre y Litio, y como sabemos Chile es un gran productor a nivel mundial de ambos minerales.
Por otro lado la electromovilidad también presenta desafíos en términos de circularidad, pues se requiere del diseño de productos (autos, estaciones de recargas y baterías), procesos y de modelos de negocios acordes a la lógica circular, o de lo contrario su impacto en términos de uso y pérdida de recursos puede contrarrestar los beneficios en términos de emisiones.
En particular, la creciente demanda de baterías y otros componentes de vehículos eléctricos y la posibilidad de escasez, riesgos de suministro e impactos ambientales y sociales son cuestiones que preocupan al público en general. El litio, el cobalto, el níquel, el grafito y el cobre son los minerales de especial relevancia.
La Figura 1 ilustra a modo de ejemplo el alto crecimiento esperado de las ventas globales de vehículos eléctricos de pasajeros del 2015 a 2030 (1.430%) y del 2030 a 2050 (230% adicionales). También muestra el tremendo aumento esperado en las ventas globales absolutas con alrededor de 3 millones de autos eléctricos en 2015 y alrededor de 160 millones en 2050.
Figura 1: Ventas anuales de vehículos de pasajeros (en millones) en el escenario de aumento en 2 grados en la temperatura del planeta
La Figura 2 muestra el aumento correspondiente en la demanda de litio necesaria para producir baterías para los vehículos eléctricos. Al 2050, la demanda estimada podría llegar a las 500.000 toneladas, en relación con esto se espera que la demanda supere la producción minera anual actual en un factor de cinco a partir de 2030. En el estudio consultado se prevé que el reciclaje solo puede contribuir en pequeña medida al aumento de la demanda al 2030 (se supone una participación del 10 %), porque la cantidad de litio en los flujos de desechos seguirá siendo limitada, mientras que al 2050 se puede suponer un sector de movilidad eléctrica maduro, que proporcionará más material al final de su vida útil que estará disponible para reciclar (se supone una proporción del 40%) .
European Policy Brief Strategic Dialogue on Sustainable Raw Materials for Europe (STRADE) No. 06 / 2018. Social, economic and environmental challenges in primary lithium and cobalt sourcing for the rapidly increasing electric mobility sector June 2018 Doris Schüler, Peter Dolega, Stefanie Degreif (Oeko-Institut e.V).
Figura 2. Ventas anuales de litio esperadas (en GWh) en el escenario de aumento en 2 grados en la temperatura del planeta
En relación con lo anterior, la UE establece que las plantas que procesan las baterías al final de su vida útil deben alcanzar una tasa de reciclaje del 45% de acuerdo con la Directiva Europea sobre baterías. En el pasado, los procesos de reciclaje solo recuperaban metales costosos como el cobalto y el níquel. Debido a que el litio es comparativamente barato y más difícil de reciclar (generalmente se convierte en parte de la fracción de escoria), el litio no se comenzó a recuperar hasta el 2017. Esto cambió con el anuncio de la empresa belga Umicore de comenzar a reciclar litio de la fracción de escoria. También empresas en Corea y en China están apostando a este modelo de negocio de recuperación de minerales. En la UE se espera que la introducción de una cuota de reciclaje de litio y el aumento en sus precios sea un motor para el desarrollo de nuevas rutas de reciclaje de litio.
Fuera de los países industrializados, particularmente en los países en desarrollo, todavía no existen sistemas de recolección de baterías usadas para vehículos eléctricos. En estos países, el principal desafío es la implementación de instalaciones de recolección y reciclaje para eliminar el riesgo de explosión de las baterías usadas, incluso si no se realiza una recuperación de litio en la primera fase. En febrero de 2018, China dio un paso importante en esta dirección al anunciar que asignará la responsabilidad del reciclaje de baterías a los fabricantes de vehículos eléctricos y les exigirá que establezcan instalaciones para recolectar y reciclar las baterías gastadas.
La extracción de litio de los lagos salados, principalmente en América Latina, representa actualmente alrededor del 50 por ciento de la producción mundial. El mayor desafío en términos ambientales es lograr la eficiencia del agua y los recursos en el proceso de extracción para minimizar los impactos negativos en los ecosistemas áridos cercanos en Los Andes. Reemplazar la tecnología de evaporación convencional con ciclos cerrados avanzados reduce drásticamente las pérdidas de agua y aumenta sustancialmente la tasa de recuperación de litio. Estas tecnologías ya han llegado a la fase piloto.
En cuanto a los riesgos de suministro el mayor riesgo existe en relación con el cobalto, que se extrae principalmente en la República Democrática del Congo (más del 50%), políticamente inestable, donde un pequeño número de empresas dominan la producción. Así mismo, el debate sobre su extracción se centra principalmente en los riesgos sociales, específicamente el trabajo infantil.
El cobre ya es un ingrediente esencial en nuestras tecnologías más innovadoras, como la tecnología de energía inteligente, la acuicultura, la exploración espacial y los automóviles eléctricos, por lo que es importante reconocer que un futuro con bajas emisiones de carbono requiere más cobre. El papel del cobre en la electromovilidad, la eficiencia energética y las energías renovables está creciendo. McKinsey ha estimado un aumento potencial del 43 por ciento en la demanda de cobre para 2035 frente a la demanda actual de 22 millones de toneladas2
2 Alianza para el cobre sostenible
https://sustainablecopper.org/